Dos Tesis sobre Revés de Luz de Cesar Eduardo Carrión
Primera: la poesía de Carrión consiste en un diálogo con la historia de la poesía moderna del Ecuador.
Prominentes fantasmas en este convite son Jorge Carrera Andrade, Gonzalo Escudero, César Dávila Andrade y Efraín Jara Idrovo. Un ejemplo para explorar este aserto, tomado de El ciudadano de las gafas azules (1924) de Carrera Andrade, de texto que lleva como nombre “Regreso a la transparencia”
Vuelvo al aire y al agua elementales
Después de haber amado tierra y fuego
Y el color y la forma de las cosas.
Vuelvo a la transparencia y al sosiego
Mirando las recónditas señales
Y de Carrión, en Revés de luz (2006) de
2
Y quiero dejar de decir estos nombres,
Que apenas pronuncio.
Y quiero olvidar para siempre
La piedra desnuda. Y no quiero
Ni la tierra ni el aire ni el agua ni el fuego
Lejos de sugerir con esta pequeña muestra que existe algo así como una correspondencia directa entre el tratamiento que ambos autores dan a elementos poéticos semejantes quiero llamar la atención sobre la preocupación de estos dos autores por la materia. Y junto con la materia a la elaboración y al procesamiento estético de lo material a nivel poético. Carrera Andrade marca un camino transitado por varias generaciones de creadores que hallan que la representación misma debe orientarse hacia el ideal de la transparencia ; es decir, hacia la captura de la realidad de manera directa e inmediata por medio de un lenguaje singularmente preparado para esa tarea. La elementalidad por así decirlo, de esta orientación, básica en un sentido antiornamental, fundacional en un sentido esencialista, encuentra en Carrión un intérprete deseoso de romper con esa tradición. La poesía de Carrión es así un poderoso alegato histórico sobre la inercia mimética en la poesía ecuatoriana a la vez que una estrategia para identificar su persistente atracción en el presente.
Y no es que se trate simplemente de comparar y contrastar poéticas confrontadas en la arena política (una militancia siempre al alcance de la mano en la actividad mimética, un desentendimiento con lo colectivo en su rechazo) puesto que las condiciones históricas cambiantes a través de más de 80 años han hecho girar la perilla del compromiso de múltiples y a veces inesperadas maneras. El caso más bien se vincula con el desprestigio del nuevo siglo ante la lucidez.
El título del poemario de Carrión ya apunta en esta dirección al sugerir como su temática precisamente el revés o el contrario de la claridad y transparencia que otras generaciones de poetas ecuatorianos aspiraron (por lo menos en tanto sus pronunciamientos oficiales sobre su propia actividad como poetas) a alcanzar. El tratamiento de Carrión, de uno de los principales símbolos de la poesía de JCA, la ventana, nos da indicios de su muy distinta poética. Esto es lo que dice en el poema que da título a la colección:
Esta ventana:
un haz sin envés,
un revés de la luz atrapada
entre cuatro paredes
de agua
un vértigo petrificado
sobre el dosel de la mirada,
un espejo sin azogue,
un abismo horizontal,
una palabra
Ante el ideal de la transparencia de JCA “Limpiad el mundo—esta es la clave--/de fantasmas del pensamiento” (Registro del mundo), Carrión opone la coexistencia simultánea de los planos de superficie y profundidad a los que nos remite toda poesía. Pensamiento y mundo no son así objetos discretos y separados entre sí sino facetas inseparables de un acercamiento siempre múltiple a la representación. Ya Roland Barthes lo mencionó de la siguiente manera:
...Y nunca existe una contradicción, conflicto o ruptura entre el significado y la forma: ambos nunca ocupan el mismo lugar. De la misma manera, si estoy en un automóvil y observo el paisaje a través de la ventana, puedo voluntariamente concentrarme o en el paisaje o en el panel del vidrio. En un momento comprendo la presencia del vidrio y la distancia del paisaje; en otro, por el contrario, la transparencia del vidrio y la profundidad del paisaje; mas el resultado de esta alternancia es constante: el vidrio para mi es a la vez presente y vacío, y el paisaje irreal y pleno. (Mitologías 124)
El poemario de Carrión es así una importante contribución al proceso de desarrollo de mecanismos para pensar críticamente, la complejidad de nuestra propia circunstancia histórica. Una parte significativa de este procedimiento consiste en la desacreditación de la idea de transparencia tanto como medio idóneo para la representación estética como para el problema de la representación democrática. La opacidad del revés de luz y de la palabra así reivindican la necesidad de acercamientos menos ingenuos a la construcción de significados.
*
La conversación con el pasado poético del Ecuador no descansa con esta breve e incompleta enunciación de un aspecto del intercambio entre Carrión y Carrera Andrade. La deuda reluce en “Epitafio del poeta”
He tocado tantas noches un tambor con este nombre
que ahora dudo de los ecos que reposan en la piedra.
Aunque ignoro la precisa ubicación de tu tumba,
ambiciono lejanas semejanzas contigo
Yo sé bien que este río no moja tu cuerpo,
siempre sordo, de granito,
escultor de vientos.
La figura de la piedra habita la totalidad del poemario y alude en forma indistinta tanto al habitual recurrir de varios poetas ecuatorianos a este elemento, sobremanera Efraín Jara Idrovo, cuanto a la propia condición “monumental” de varias figuras tutelares de la poesía ecuatoriana en el siglo XX. La tumba como piedra tallada y pasado monumentalizado acerca el texto a varios nombres, junto a los ya mencionados JCA y EJI, por cierto se intuye la evocación de Gonzalo Escudero, “escultor de vientos” en su célebre Estatua de Aire. Lo que estos cuatro poetas, al que sumo uno, César Dávila Andrade, tienen en común con Carrión es su preocupación insistente sobre el espacio. Lo que nos lleva a la segunda tesis:
Segunda: El texto de Carrión es un texto que decurre (d)espacio
Digámoslo así: las escaleras de verso que cada página de Revés de Luz nos acerca, impiden el apresuramiento. Estamos ante un lenguaje personal, poblado de símbolos recurrentes que reflotan en un tono de lo más curioso: ni trágico ni esperanzador má bien una suerte de compromiso cuidadoso entre ambos extremos. Este notable equilibrio, (ocupación del umbral) presente en el poemario notablemente en el poema Bestiario, marca el lugar de un espacio lento que se manifiesta sobremanera en la figura del desierto.
Llego al desierto preciso de aquel mediodía. . .
Es el primer verso del poemario y también la oportunidad de observar la conversión y el entrelazamiento entre tiempo y espacio. El desierto es un tiempo, o una forma de ocuparlo; a su vez, el espacio es un momento, o una manera de vivirlo. El poemario de Carrión participa de una tendencia constante en la literatura mundial del último lustro por lo menos: la voluntad de extirpar de la representación la experiencia contemporánea de enajenamiento por medio de nuevas tecnologías comunicativas y mediante el asalto constante de los sentidos de cada vez más agresivas campañas publicitarias. Es como si la imposibilidad de registrar una experiencia saturada de ruido blanco pidiera de la realidad de la representación un escenario menos volátil y más estable. Tales condiciones espaciales e imaginativas permitirían, como en la ficción de Joseph Conrad, ambientadas en naves que surcan los mares, la presentación de una realidad que opera como en un laboratorio. En otras palabras, la desertificación del panorama poético de Carrión implica una voluntad de elaborar a partir de documentos firmes: la historia literaria ecuatoriana, la materia prima literaturizable de los símbolos, la forma del exordio o del epílogo. El ritmo de procesamiento poético de estas sustancias se constituye deliberadamente a des-tiempo y (d)espacio de las consideraciones de la cotidianidad prevalecientes hoy en día. Se trata de una cotidianidad alternativa entonces, experimental en la medida que des conoce la super saturación contemporánea de voces y se pronuncia a favor, no de la desolación pero sí del desierto.
Dice en “Autoretrato”
Y no abandonaste el desierto. . .
El poemario de Carrión participa de una poética interesantísima, abocada a lo liminal, a la espacialidad, en resumen: a la frontera. Informada por la tormenta teórica del posestructuralismo, alimentada del poder de la tradición poética ecuatoriana, este texto primerizo se ubica en las antípodas de la concreción y de lo imaginativo y se rehúsa a moverse un ápice de ese centro.