Credito Geovanny Verdezoto:
Vol 2, No. 1. (Sept/Dic 2006)

Eduardo Villacís Meythaler: ¿el mayor poeta del Ecuador? Una nota a propósito de Ajuar de Cal: poesía entera.


Toda comparación es odiosa, aunque odiar y comparar sean imprescindibles herramientas de orientación epistemológica. Desde la constatación de la fragilidad del juicio personal , me atrevería a decir que Eduardo Villacís Meythaler es, por lo menos, uno de los dos o tres más grandes poetas contemporáneos vivos en el Ecuador.

Ajuar de Cal: poesía entera , que reúne su obra previa (tres poemarios: Latitud unánime (1953), Dieta sin sol (1981) y Documental sobre un conspirador (1994) ) , es un texto de primera línea en las letras nacionales. Villacís Meythaler, médico, cardiólogo, poeta desde hace medio siglo, nos presenta una obra madura, diversa, segura de sí misma. En lo que sigue quiero simplemente señalar algunos de los méritos y logros de Ajuar de Cal, el poemario que inicia la colección, puesto que un comentario sobre la totalidad de la obra de Villacís Meythaler sin duda merece un estudio extenso y completo.

Un primer elemento de esta poesía es su desconcertante variedad temática. Los diecisiete textos que conforman el poemario van desde la cotidianidad de los días feriados, pasando por la Venus de Valdivia y la identidad nacional hasta la migración, la industria de seguridad y los barrios de Quito. La marca evidente de la paciencia y de una observación aguda escolta cada uno de estos poemas. Villacís Meythaler es un poeta de la precisión, aun cuando intenta examinar las correspondencias inadecuadas pero paralelas de las distintas actividades humanas:

La tristeza es la felicidad
Reducida a su mínima expresión,
Como el sol del presidio
O el domingo en los submarinos

Su talento para la identificación de pares es abrumador y tiene como antecedente firme sólo al ecuatoriano Jorge Carrera Andrade. Algunos ejemplos, extraídos de distintos poemas:

El pañal y la mortaja
Son las únicas ropas tradicionales

Tanta cara tapada inútilmente
Cuchicheos parecidos
A los apartes del placer

La vida tan igual a la muerte
Para los pilotos de los bombarderos

El tono de la poesía de Villacís Meythaler es desconcertante, consiste en una suerte de parsimonia y elegancia verbal que demanda calma perceptiva, un ejemplo, extraído de uno los mejores poemas de la colección. Pretérito Perfecto (Venus de Valdivia)

Alta. Altanera
Manigua de nata dulce.
Jarana de la prehistoria
Y de la historia entera.

Zafra donde te atinaron
En la caña del talle.
Mutilada, con ternura
de belfo en los muñones


Otro acierto de esta poesía es su capacidad de arranque; es decir, su aprovechamiento de la expresividad estratégica del título de cada poema. Ejemplos:

Ecuaciones inexactas, Tajamar, Estación para mujeres solas, Balada para un guardaespaldas, La diócesis de arena, Salvoconducto para Elías, Canción para un aprendiz de mecánica .

Todo en la obra de Villacís Meythaler es deliberado, intencionado, pensado. Uno tiene la sensación al leer esta poesía de recorrer una obra pulida por el paso de los años, de contemplar un lenguaje que, después de innumerables correcciones, finalmente se siente a gusto consigo mismo. El ordenamiento de los versos posee una gravedad que parecería emanar de una larga familiaridad con la revisión permanente. Este es uno de los mayores placeres de una poesía que, a pesar de su innegable novedad, se siente, extrañamente, antigua. Un ejemplo, de Barrio de la Loma Grande :

Calle de tamaño reglamentario Para jugar la vida.
Recta. Caminada a conciencia

Salir de tus muros
Fue adquirir ciudadanía
En el dolor, Perderse en las trayectorias
Que proponía la noche,
Malgastar en las calles del mundo,
El exiguo presupuesto de pasos
Entre las hojas secas


Otro elemento sorprendente de la poesía de Villacís Meythaler es su extraordinaria inteligencia poética, o su capacidad de “pensar de otra manera”. Esto es lo que dice en Predecesores un texto ostensiblemente sobre los soldados y conquistadores de nuestro continente:

Condenados al fuego
Y al infierno de las armas
Les fue negado entrar
En lugares sagrados


Ni un alegato celebratorio del pasado heroico, ni una condena firme sobre las atrocidades cometidas por estos personajes, Villacís Meythaler rehúsa ocupar esos territorios y más bien medita sobre la condición de obligatoriedad de la historia vivida, junto con la trágica paradoja mediante la cual la violencia—aun a nombre de la salvación—descalifica a sus cultores de la verdadera historia. Este texto, Predecesores, debido a su dedicatoria a Jorge Enrique Adoum, entre otras cosas, permite una lectura que alinea a los “héroes” con la historia de la poesía ecuatoriana. El poema dice

Crearon leyendas que agrandan los caminos,
Los caseríos llevan sus nombres
Sobretodo cuando quedan vacíos.

Villacís Meythaler puede aquí referirse perfectamente, a los Mera, los Olmedo, los Crespo Toral e igualmente a Noboa y Caamaño, Humberto Fierro, Gonzalo Escudero y hasta contemporáneos del propio poeta del que nos ocupamos como César Dávila Andrade o el mismo Adoum.

Identidad es otro texto punzante que conjura la identidad desde nuevos frentes. Dice el poema

Somos arrimados, obreros contratados
Por un día. Ni una canción, Un golpe certero, ni siquiera
La resolución de no ser nadie

Aquí se oyen los ecos de la poesía de Adoum, como más adelante, en los versos

No todo es triste:
Hay bandadas de garzas
Blancas y libres,
Saltos de agua dulce, Toronjil y lavanda
. . .

Escuchamos la presencia de Carrera Andrade. Villacís Meythaler hace un recorrido de la poesía ecuatoriana del siglo XX en su texto. A medida que recoge la “identidad” poética ecuatoriana la elabora, posiblemente por eso es que nos sentimos tan a gusto en estos textos, por la sensación de ya haberlos recorrido, aunque de distinta manera y con otros propósitos, antes. Leer a Villacís Meythaler es, entonces, estar de regreso.

Unos versos finales para volver a precisar el sentido de remanso de esta notable obra poética, una de las más ricas, hondas y personales de la literatura ecuatoriana de hoy:

Si hay que volver,
Volveremos cada instante,
Sentiremos la tierra
Como los nadadores que hacen pie
.

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