
Credito:Geovanny Verdezoto
Vol 2, No. 1. (Sept/Dic 2006)
Introducción: “no me enseño”
¿Cuál es el sentido de las Artes Liberales en el contexto institucional y pedagógico contemporáneo? ¿Qué aplicación tienen las humanidades en el escenario instructivo del emergente mundo digital? ¿Cómo evitar la obsolecencia como docentes ante la ola de transformaciones institucionales, tecnológicas e incluso disciplinarias que re organizan nuestra experiencia del mundo casi cotidianamente?
Estas y otras interrogantes forman parte constante de quienes reflexionamos sobre la actividad pedagógica a diario. Las contribuciones de Gregory Ulmer, profesor de humanidades y lenguas en la Universidad de Florida, precisamente a estas inquietudes constituyen el elemento central de la presente oferta de Radicales Libres. La consideración primordial de Ulmer gira en torno del tema de la inminente transformación de nuestros hábitos convencionales de aprendizaje y enseñanza hacia un horizonte aún difuso e informe (en parte porque carecemos de un aparato conceptual para percibirlo) que Ulmer llama el electrado (electracy). El electrado sucede al mundo alfabético o letrado de la misma manera en que el mundo de las letras sucedió a la oralidad. Las consecuencias y los efectos de este cambio se pueden apreciar en todo lado. Desde el creciente espacio intrageneracional que produce tantos desencuentros y que se acelera con cada potenciación de la capacidad de procesamiento electrónico de los nuevos chips, pasando por una reestructuración marcada de los hábitos de consumo cultural en el presente hasta el impacto gigantesco que la digitalización introduce en la investigación y la producción académica. El hecho es que requerimos urgentemente de formas de pensar la presente reestructuración del conocimiento y de posicionarnos, como educadores y educandos, ante el sacudimiento cognitivo que opera a nuestro alrededor.
Entre otras cosas, el desafío requiere volver a pensar, desde las humanidades, en el sentido de las dos actividades centrales que orientan nuestra actividad personal y que creíamos resuelto hacia generaciones: leer y escribir. La lectura, como decodificación mecánica o como captación de una destreza debe repensarse ahora, junto con la escritura, como el acopio múltiple de talentos y de habilidades simultáneas que sirvan para potenciar una interactividad incipiente. La tarea entonces es ardua y exigente. Es urgente además para la educación puesto que en el proceso de desentrañar los “nuevos” mecanismos comunicativos de la multimedia (para sacarles provecho en el ámbito de la cultura), el mundo comercial nos lleva la delantera. La historia no es del todo nueva, el inmenso potencial educativo de la radio, del cine y luego de la televisión nos indica que, de no tomar cartas en el asunto, de no participar colectivamente en procesos participativos de investigación y práctica docente experimentales, el www eventualmente abandonará su gigantesco potencial integrativo y educativo a favor de un servilismo mercantil más entre los ya muchos que nos acosan.
Para Ulmer, que se instala plenamente en la tradición de las humanidades y de las Artes Liberales, el asunto gira sobre la recuperación de la única disciplina académica que no ha roto el paradigma del conocimiento establecido por los griegos. La física aristotélica fue superada hace mucho pero su retórica aún informa cada uno de los textos introductorios de escritura que existen. Y esto por una razón concreta: tanto Platón como Aristóteles junto con sus estudiantes y las escuelas que fundaron (la academia, el liceo), inventaron las prácticas institucionales necesarias para explotar la tecnología alfabética tanto como nuevas prácticas, nativas a la escritura (el método, el diálogo). La idea de Ulmer entonces, ejemplificada en el enunciado del poeta japonés Basho “no seguir las huellas de los maestros, sino buscar lo que ellos buscaron”, consiste en iniciar una investigación sobre el emergente electrado que sea a la vez una práctica concreta. La idea entonces, desde el presente impasse en que se encuentran las humanidades (por deserción estudiantil, abandono institucional, etc.) que a su vez insisten casi exclusivamente en la apreciación de la genialidad de otros, es producir una heurética (hermenéutica +eureka+ética) o una mentalidad de la invención en el contexto electrado.
Uno de los mecanismos centrales para concretar este programa es lo que Ulmer llama la escritura mistórica; es decir, la elaboración de una mistoria.
La mistoria es un género pedagógico que surge como respuesta a la sugerencia que el estudioso de la Historia Hayden White hace a Ulmer al señalar que si la Historia como disciplina no se hubiera inventado en el siglo XIX sino en el XX reflejaría una ciencia y una estética distintas. No el positivismo sino la relatividad cuántica, no el realismo sino el surrealismo.
La obra de Ulmer y sus sugerencias pedagógicas han sido adoptadas en distintas realidades geográficas del mundo y ofrecemos hacia el final de este segmento una lista de enlaces con mistorias elaboradas en diferentes universidades de los EEUU, en Australia, en Finlandia. La obra de Ulmer, que sepamos, no ha sido traducida al castellano todavía y queremos en este espacio reconocer sus múltiples contribuciones al pensamiento contemporáneo a la vez que poner en práctica nuestra comprensión de su discurso.
La mistoria consiste en una mezcla de distintos lenguajes, entre ellos: la historia personal, la Historia colectiva, el misterio, la maestría y la histeria. Desde nuestra propia realidad, añadimos el discurso ecuatoriano de la mistela —una bebida dulce, preparada a base de menta o cáscara de naranja, con licor, yerba de ataco, anís y canela, destilada en casas de Quito en el siglo XVIII como ofrenda de hospitalidad al visitante. La mejor manera de aprender sobre el potencial de los espacios web y del internet como apoyo al aprendizaje humanístico es inventar una práctica de escritura que sea nativa a los hipermedios. En el corazón de esta nueva práctica está el viejo dictamen de las Artes Liberales, “conócete a ti mismo”.
Los estudiantes que han participado en este proyecto componen su texto a partir de tres instituciones: familia, entretenimiento y comunidad. La premisa es que, siguiendo a Althusser, todos somos “llamados” (interpelados) por las instituciones a las que pertenecemos y que forjamos nuestras respectivas identidades a medida que respondemos a esos llamados. El objetivo superior de este ejercicio, que no ofrece por otro lado, garantías más allá del encuentro individual con el yo construido, consiste en “mapear”la experiencia personal de manera que los participantes puedan reconocer en sus vidas una experiencia de aprendizaje consistente que guie en el futuro sus decisiones profesionales y que les ayude a identificar sus estilos de resolución de conflictos.
Una característica adicional de esta práctica consiste en su apuesta optimista hacia la nueva tecnología electrónica, a diferencia de la tradición de la escuela de Frankfort y de obras como la Sociedad del espectáculo de Debord que presentan temores basados en una cultura de imágenes que menoscaba el pensamiento crítico, creemos en la importancia de la imaginería en el proceso creativo y en las contribuciones de la imaginación y de la visualización en la resolución de problemas.
En el Ecuador, una expresión idiomática útil para comprender la desorientación cognitiva es “no me enseño”, queremos con estas mistorias poner en circulación un ejercicio en construcción sobre el aprendizaje en las nuevas circunstancias institucionales en las que nos hallamos, tanto para enseñar-nos como para enseñar a enseñar.