El principito: el sentido de la vida por Carlos Freile
El texto de Carlos Freile narra los resultados de una paciente labor de lectura, llevada a cabo a lo largo de 25 años de pensar, meditar, hablar y soñar con la obra más conocida de Antoine de Saint Exupery: El principito. El resultado es notable y arroja como saldo aquella avis rara en la actividad editorial ecuatoriana: un texto maduro. Dice Freile,
“ Leer este libro con cuidado nos lleva a aceptar que debemos buscar un sentido a la vida, una forma distinta de ser personas humanas” (p 36).
Y sin duda, el texto denota un cuidado ejemplar en la construcción de un andamiaje teórico humanista para la apreciación de la obra del escritor francés. La obra de Freile es a la vez una excelente muestra de análisis textual y un estupendo ejercicio de escritura directa y dialógica. Freile intenta poner en práctica las lecciones que deriva de su contacto con el texto, entre ellas, la necesidad de la autenticidad en las relaciones interpersonales. Por eso, su prosa, cuidada y perfectamente segura de sí misma, insiste en distintas ocasiones en la pluralidad de significados del texto y en su ineludible misterio. El texto de Freile consiste en el inicio de un diálogo con el/la lector/a, un principio, que—como en el libro de Saint Exupery—adquiere la frescura y la sorpresa de un encuentro súbito con una conciencia diferente.
Podría aventurarse como hipótesis entonces, que la lectura de Freile consiste en una crítica (siguiendo a Saint Exupery) de las distintas formas de enajenación promovidas por la modernidad occidental e instauradas, hoy por hoy, plenamente como formas hegemónicas.
Las lecturas de respaldo de Freile son ilustrativas en este sentido: Mounier, Gabriel Marcel, Charles Moeller, Levinas, Martin Buber, Pedro Lain Entralgo, Ignace Lepp, Benavente. Nos movemos al interior de un universo de referencias que van desde el misticismo judío, pasando por la filosofía insurgente y la literatura costumbrista hasta el existencialismo; en todos los casos nos encontramos con un sistema crítico de los excesos materialistas, mercantilistas y taxonómicos de la modernidad tardía.
Entre estos excesos seguramente el mayor y en el que mayor tiempo medita Freile sea la insistencia obsesiva de la modernidad normativa sobre la visión o la visibilidad. “El principito retoma uno de sus temas predilectos: lo importante no se ve, pero da sentido a todas las cosas. . .” (p 152) En otro lugar: “hay que buscar con el corazón, pues los ojos están ciegos.” (p 149). Se trata de denunciar lo que Michel Foucault llamó, en otro contexto, el régimen escópico de la modernidad, o alternativamente, el panoptismo. La contribución de las artes visuales desde el siglo XX, en particular la cinematografía seguramente juegan un papel no deleznable en este asunto y es notable observar la importancia central de la visibilidad en la llamada literatura infantil de los últimos cien años, ver por ejemplo, El señor de los anillos de J.R.R. Tolkien.
Uno de los rasgos más interesantes del libro de Freile consiste en su utilización de ejemplos derivados de la experiencia histórica y política del Ecuador para ilustrar sus descubrimientos. Como ejemplo está su evocación de la historia de Isabelle de Godin, dama riobambeña que en el siglo XVIII inició una búsqueda legendaria que tardaría 20 años en reunirla con su esposo , para mostrar lo innecesario de la obligatoriedad en las relaciones afectivas reales.
El libro de Freile resulta de gran interés para los estudios de Saint Exupery en el sentido en que su lectura del Principito vincula a esta obra de manera cercana con Ciudadela del mismo autor hasta el punto en que la segunda parecería aportar varias claves para la comprensión de la primera. Freile presenta un muestrario pertinente de citas extraidas de Ciudadela (junto con otra información relevante, por ejemplo la Carta a un rehén, dedicada, al igual que El Principito a Leon Werth) que sin duda enriquecen el sentido de varios tramos del Principito.
El libro adolece de un cierto esencialismo ante la idea de la infancia “Solo los niños comprenderán que entre todas las experiencias que pueda vivir una persona, entre todas sus metas y actividades, la más importante y central es mantener los lazos de amistad y de amor con las personas escogidas” (p 157) Sin embargo, en justicia, Freile al inicio del texto habla de la relatividad de la edad cronológica aunque este sea un tema que no queda resuelto a lo largo del libro. No importa. Dice Freile al inicio de su texto que está consciente de “un sinnúmero de reflexiones diferentes e iluminadoras” que el autor no ha tocado, pide, a la guisa del propio Saint Exupery, que “el lector bondadoso” envíe al autor un informe sobre ellas. Al margen de las lecturas alegóricas que vinculan El principito con los evangelios y al principito con Jesús, y al margen también de una lectura del sistema de representación del Principito como avatar de la vanguardia artística, voy a darme el gusto que siempre quise al terminar de leer ese libro por primera vez y al sentir el inmenso deseo de escribirle a Saint Exupery con buenas nuevas. Así que ahí va: Carlos Freile, el principito está de vuelta, esta vez en una estupenda pequeña novela escrita por el estadounidense Jerry Spinelli que lleva como título La niña estrella. Norma: Zona Libre, 2001. No quiero anticipar nada, sino invitarte al luminoso encuentro con otro texto principesco.