Caída Libre Introducción  Caer libremente atenta contra las convenciones frívolas de la representación espacial ortodoxa. Caer en sí es un acto de transgresión frente al imaginario imperante en donde el progreso ve con sospecha o condescendencia un trastabilleo inconveniente para la norma general de ascenso y de progresión. Caer libremente así es una intimación a apartarnos del trazado hegemónico marcado invisiblemente en el espacio social que nos rodea, una imprecación a ocupar un lugar distinto. Para orientarnos en ese extraño y portentoso sitio sólo existe el mapa cultural que lo ecuatoriano ofrece a partir de sus prácticas, notablemente, el juego de cartas que llamamos cuarenta. Este juego, que convoca a un torneo mundial desde el año de 1969, es un ejemplo del tambaleante y precario camino que debemos recorrer hoy los sujetos nacionales a medida que ocupamos (voluntaria o involuntariamente) el imposible espacio global. De hecho, como señala desde hace algunos años Fredric Jameson, la tarea más urgente que enfrentamos en la actualidad es la creación de modelos para el procesamiento y la comprensión de las nuevas alianzas transnacionales, económicas tanto como afectivas. La ausencia, o la pobreza de representaciones adecuadas para imaginar esa nueva totalidad es un obstáculo formidable para la recuperación de nuestra capacidad de actuar en el mundo. El campeonato mundial de cuarenta nos da la pauta para empatar lo local con lo universal y para ocupar nuevos espacios reterritorializándolos en lugar de acudir a la vieja y gastada fábula de la colonización. Caída Libre entonces busca abrir un claro para la circulación de discursos críticos interesados en examinar la zona de contacto que existe entre la experiencia vivida y la producción cultural en este y otros climas. Phil Wegner examina en esta entrega la conexión entre la trilogía hollywoodense de ciencia ficción Terminator y los imaginarios de la política exterior estadounidense durante las administraciones republicanas. El ejercicio es válido en tanto nos alerta no sólo sobre el poder innegable de las ficciones masivas sino sobre la manera en que esas representaciones modelan nuestra propia relación con el futuro. El texto de Wegner es notable en muchos sentidos pero tal vez el más relevante para nosotros sea su desenfadada apuesta por un discurso crítico consciente de la necesidad de escudriñar la cultura de masas y de movilizar recursos imaginativos que puedan a la vez competir con determinadas imágenes y doblegar esas imágenes, enrolarlas al interior de proyectos alternativos. Ayodele Dutka escribe sobre el notable proyecto artístico de Shirma Guayasamín y ofrece una lectura de la intrincada intervención cultural que se vuelve posible a partir de la opción de historizar la sombra del desnudo femenino. El ejercicio de Guayasamín afecta a la representación de la femenidad de diversas maneras y su audaz incursión en planos cibernéticos y fantasmales rescribe las relaciones de género en un novum representacional. Tarkarí de Chivo, la obra experimental que trae el grupo ecuatoriano/venezolano RioTeatroCaribe para el festival de teatro experimental celebrado en Quito a fines del 2004 reactiva la polémica sobre el lugar de las vanguardias en el mundo contemporáneo. Tarkarí desempaca a lo largo de su sofisticada producción un arsenal de recursos expresivos, canibalizados de distintos medios artísticos (cine, vodevil, circo, tendido) que, junto con el torrente de virtuosas asociaciones visuales al que nos expone, produce el equivalente de un proyecto de democratización (pertinente no sólo a Venezuela y a Ecuador sino a todas las naciones latinoamericanas); el “desgobierno” y caos aparente que imperan en su propuesta escénica paralelan a la perfección tanto nuestras ansiedades sobre la incorporación de los márgenes como nuestra alegría y creatividad al momento de inventar, por primera vez, las condiciones de existencia de la democracia. En este contexto, el espacio de la cocina y el restoran se vuelven referentes obligados de nuestro intento de “preparar la mesa” para la convivencia de heterogeneidades en el planeta. Por último, añadimos a nuestro muestrario la presencia de una “nueva” forma de textualidad, el blog, una llegada reciente a nuestro conocido repertorio de formas expresivas. El blog es un ingreso de bitácora, o un fragmento autobiográfico, o un artículo de opinión, o un comentario abierto, o un inventario de bienes y carencias. Es todo aquello junto y mucho más y menos, un ejercicio expresivo que emerge de la especificidad de la comunicación cibernética y de sus riquezas y limitaciones aún en proceso de descubrimiento. Un blogero ecuatoriano, Alfredo Mora Manzano, nos guía por los vericuetos de su imaginación y por los laberintos de distinta urdimbre del World Wide Web. Caída Libre quiere así abordar materiales culturales heterogéneos, cine, teatro, escultura, blog, para reposicionar el ejercicio crítico, para repensar la necesaria relación entre la circulación de esos múltiples vehículos de la utopía y su instanciación a nivel de nuestra comprensión de aquellos fenómenos aquí y ahora. << Regresar a página principal |