Introducción: La
escritura: El lúmpem de las artes liberales
Ana María
Jalil
Las Artes Liberales han
sido tradicionalmente consideradas como las disciplinas
que cubren las áreas del conocimiento más "elevado".
Sin embargo, cuando pensamos en filósofos, filólogos,
poetas, los asociamos con excentricidad, desorden y pobreza. ¿Por
qué?
Tal vez porque estereotipamos al pensador, al que usa las posibilidades del lenguaje
para expresar formulaciones lógicas o sentimientos apasionados, como opuesto
al ejecutivo productor de bienes materiales ¿Por qué oponemos el
pensar, el deleitarnos en la reflexión y en la palabra con el producir
bienes útiles y prácticos?
Aunque la Composición, es decir, la escritura, el arte de comunicarse,
de informar, de persuadir, de seducir exige el aprendizaje de la formulación
ordenada, coherente y clara del pensamiento, y en el caso de la argumentación,
la comprensión profunda de las ideas del otro, sin embargo es considerada
la menor entre las disciplinas de las Artes Liberales y, en palabras de Álvaro
Alemán al criticar el desdén por el arte de escribir, es el lúmpem
de las Artes Liberales aunque teóricamente se resalta la importancia
del pensamiento crítico. Y cómo se va a formular el pensamiento
crítico sino por medio de la palabra que sigue las categorías
del raciocinio que, curiosamente, son las mismas de la ciencia. Sin un lenguaje
correctamente expresado no puede comunicarse el pensamiento lógico, y
menos aún, el pensamiento crítico. La sintaxis y la ciencia obedecen
al mismo proceso.
Ante este panorama, LIBERARTE nos presenta en esta entrega cuatro reflexiones
sobre el difícil tema de la enseñanza de la Escritura:
En primer lugar, Andrea Castelnuovo nos habla del enfoque de la psicogénesis
del lenguaje, que plantea una nueva forma de entender el proceso mediante el
cual el niño se apropia del sistema de escritura y de la lengua escrita,
a partir de su desarrollo cognitivo y de su interacción con el mundo de
los textos.
Analiza luego el trabajo de Emilia Ferrero y Ana Teberosky (1979) sobre el pensamiento
infantil acerca de la lectura y la escritura. Parten ellas de una perspectiva
genética, evolutiva, incorporando, además, lo que ya se conoce
sobre el pensamiento infantil, la psicología de la educación, la
lingüística y la psicolinguística.
En su investigación descubrieron el proceso a través del cual,
los niños construyen su propio sistema de escritura y de lectura. . La
clave de su investigación es que los niños tienen, desde edad muy
temprana, diferentes hipótesis sobre qué es y cómo se hace
la escritura y que dichas hipótesis se presentan en forma secuenciada
y sistemática en todos los niños. El paso de una hipótesis
a la siguiente se produce a partir de los conflictos que se producen en él
entre su forma de entender el fenómeno y nuevas informaciones que recibe
de sus compañeros, de los textos reales con los que interactúa,
y del docente.
El artículo analiza, entonces, los métodos de enseñanza
de lectoescritura, la falta de dirección del Ministerio de Educación
al respecto, la falta de investigación educativa a nivel nacional.
A continuación, Álvaro Alemán, director de esta revista
reflexiona sobre las dificultades de enseñar a escribir a nivel universitario,
fundamentalmente porque ni siquiera hemos unificado los criterios de lo que
constituye una escritura aceptable. A falta de estos criterios, hemos adoptado
el incuestionable dogma clásico de claridad, sinceridad y corrección,
sin embargo, Alemán nos recuerda que "la claridad no es una configuración
determinada sino una relación entre escritor y lector", por lo tanto
es relativa y, pedagógicamente, es un concepto vacío; defiende
la opacidad y la ambigüedad tan útiles para persuadir y para expresar
la profundidad de los sentimientos y pasiones. Buscar la claridad por encima
de todas las cosas, podría hacernos perder la relación lúdica
con la lengua.
¿Cómo abordar la enseñanza de la escritura? "Cada curso
de composición debería ser un curso de Lectura Lenta" en el
que estudiante aprenda a saborear el significado y el ritmo de las palabras. "Para
que la escritura alcance un verdadero impacto en la conducta del escritor, es
necesario que perdure más allá de la clase obligatoria, debe generar
placer, hacia allá deberíamos dirigir nuestros esfuerzos".
Alexandra Astudillo y Ana María Hidalgo nos recuerdan que "aprendemos
lo que nos motiva", por eso para lograr un aprendizaje efectivo, es decir,
perdurable y profundo debemos hacer que el estudiante lo busque y lo valore,
que establezca el vínculo entre lo que se le enseña y su experiencia
cotidiana. Además, la actitud del profesor debe ser de respeto y amabilidad
para que el estudiante sienta que su proceso de aprender es valorado.
Finalmente, Gerardo López trata de responder a la frustrante pregunta
de estudiantes y profesores: ¿por qué nos joroba tanto la ortografía?
Como sabemos, la ortografía se basa en la percepción y la memoria
visual de la grafía de las palabras. Si no se tiene esta memoria, hay
que apelar a las reglas, que casi siempre tienen excepciones. Hay muchas variables
que influyen en el desarrollo de las palabras, aunque la mayoría proviene
del latín, que en su camino hasta nosotros van sufriendo influjos que
las alejan de su origen en distintas maneras.
Sin embargo, aunque el sistema ortográfico es un sistema caótico
(en el sentido matemático del término), la ortografía es
necesaria porque da cohesión lingüística a la lengua pues
hay un código común que nos permite comunicarnos con casi todos
los hablantes del español. No sucede así con otros idiomas como
el chino o el árabe, por ejemplo, en los que hay tantos códigos
que es difícil que se comuniquen hablantes de regiones relativamente cercanas
entre sí.
López nos sugiere que para conservar la ortografía es indispensable
recurrir al diccionario para buscar las etimologías y deducir la ortografía
formando familias de palabras.
Se debería enseñar la ortografía como un proceso deductivo,
no como un conjunto de reglas arbitrarias que hay que memorizar.
Pienso yo que la dificultad de enseñar a escribir y a leer van relacionadas.
Aparentemente, ni el estudiante ni las instituciones valoran la escritura, más
bien es vista como algo inútil y pesado que hay que aprender sin saber
claramente para qué. De los artículos reseñados se desprende
que evidentemente la escritura es útil para modelar el pensamiento y,
aunque menos útil, para disfrutar de la palabra, creando con ella y saboreándola. ¿Qué puede
ser más importante en la vida que encontrar fuentes de placer?
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