Vol 1, No. 2. (Sept/Dic
2005)
INEPE: ejemplo y temple en el cerro Ungüí.
Alvaro Alemán y Beatriz León.
El INEPE (Instituto de Investigación, Educación y Promoción Popular del Ecuador) nació de una experiencia de trabajo popular en los barrios occidentales del sur de Quito hace 20 años. Su sede está al pie del cerro Unguí, en el camino viejo que conduce a la parroquia de Lloa, en el sector de Chilibulo, al sudoeste de Quito. El INEPE, además de un grupo de educadores, administradores, padres y madres de familia y estudiantes de distintas edades, es un lugar de diferencias. Diferencia a nivel del enfoque educativo, que intenta integrar la visión conscientizadora de P Freire al contexto de un plantel educativo íntimamente vinculado con la comunidad a la que presta sus servicios; diferencia con relación a la infraestructura, que, sin ser la mejor del país, ofrece al estudiantado modernas instalaciones, equipos actualizados y una biblioteca bien nutrida; diferencia a partir de la diversidad del alumnado y el profesorado, compuestos ambos por una amplia y representativa gama de nuestra población: gente con discapacidades físicas y mentales, personas de todas las razas y de varios niveles socioeconómicos, hijos e hijas de campesinos, obreros, profesionales, servidores públicos. Pero la mayor diferencia, con seguridad se percibe a partir del clima de alegría y esperanza que se respira en cada esquina del recinto educativo: niños, niñas y jóvenes entusiastas, bien uniformados, alertas y alegres. Y al interior de las aulas más de lo mismo: participación, diálogo, curiosidad, asombro permanente. Nos encontramos así, en un lugar verdaderamente excepcional y nos apresuramos a agotar nuestro fardo de preguntas: ¿cómo se inició todo esto? ¿Cómo se mantiene vivo? ¿Cómo es estar aquí, por dentro?
La realidad es que, después de mucho tiempo de pensar y leer sobre estrategias educativas, planes, proyectos y metodologías, después de años de enseñar y aprender a distintos niveles y en diferentes establecimientos, lo que vemos, oímos, preguntamos, observamos, sorprende. Entre otras cosas porque no habíamos escuchado nunca antes sobre la existencia de un proyecto como el que tenemos al frente, y que, pronto descubrimos , tiene 20 años de experiencia. Sorprende también ver la frescura y curiosidad de nuestros interlocutores y su evidente orgullo al mostrarnos el fruto de sus esfuerzos: Edificios amplios y bien tenidos, laboratorios apropiados, salas equipadas y llenas de luz pero sobretodo, estudiantes lozanos y abiertos al diálogo y aprendizaje.
Hablamos con Patricio Raza que nos explica el inicio de este proyecto, hace 20 años, con un grupo de jóvenes educadores que, a partir de los planteamientos de la educación popular, inspirada en la práctica pedagógica de Paulo Freire, inician un proceso, junto con los pobladores de la zona, que eventualmente se convertirá en este centro educativo ubicado al pie de un cerro, con una majestuosa vista al valle sur de Quito y con la aún más inspiradora visión de un grupo de maestros convencidos y de niños y jóvenes alegres y entregados a la tarea educativa. Para hablar en términos cercanos a nuestros hábitos linguísticos, la educación popular consiste en abandonar la práctica de “dar pensando”, de “dar hablando” y de “dar escribiendo”; es decir, buscar socios activos y participativos en los educandos, para la formación de líderes democráticos al servicio de sus dirigidos, en la promoción de la rendición permanente de cuentas. Todo este proceso amplio se sistematiza hacia 1989 con la constitución de una escuela formal, que intenta integrar las diversas experiencias y vivencias hechas en la comunidad. Es importante entender que este espacio educativo es el que los educadores eligen no sólo para los habitantes del barrio que buscan servir sino para sus propios hijos e hijas.
La necesidad de contar con maestros y maestras capaces de empujar un proceso educativo transformador desemboca en la creación de una Escuela de Formación Docente que busca capacitar e integrar experiencias innovadoras en la práctica educativa a la vez que vincularse a un esfuerzo permanente de aprendizaje para el cuerpo docente. A esto se suman talleres en las distintas áreas de estudio. En primer lugar un Programa de Lenguaje y Comunicación, dirigido por Simón Espinosa y posteriormente Programas de Matemáticas, de Desarrollo personal, en los que reciben el apoyo de distintos centros educativos del país junto con el aporte de instructores e individuos destacados en sus respectivos ámbitos: expresión corporal, salud mental y corporal, arte. La investigación también forma parte clave del proceso y se introduce como un instrumento de evaluación y de autoevaluación entre docentes y alumnos. La idea es una actualización constante, con currículos exigentes, dirigida a una población que responde a las necesidades y al reto de esta manera de hacer.
Patricio Raza nos habla, en nuestro recorrido a través del Centro, equipado de manera consciente y suficiente, de las normas de convivencia y del compromiso establecido entre educadores y miembros de la comunidad. Un compromiso de “dar lo mejor” de cada uno para el centro, de manera que no se escatime esfuerzo ni actividad en la búsqueda de una educación y de una comunidad de responsabilidades compartidas. De hecho todas las instalaciones físicas se encuentran impecables, “nadie ensucia ni vandaliza” nos dice Raza, “porque esto es de todos”.
Y sorprende este concepto de una economía solidaria, en donde los pobladores del sector, que es un sector de pobreza, contribuyen de acuerdo a sus posibilidades. Raza escribe de esto en términos en que la palabra esperanza se repite: “El INEPE representa un espacio de esperanza y futuro para los pobres y excluidos de nuestro país, por medio de un proceso en el cual se construye un mundo en donde las relaciones económicas se fundamenten en la solidaridad, las relaciones humanas en la tolerancia y comunicación desde la esencia de cada ser; un mundo en donde todos vivamos con felicidad, en íntima armonía y relación con el planeta y el universo.”
Iniciamos un diálogo con los educadores del INEPE en la cafetería del lugar, entre sorbos de sopa y el clamor alegre de los comensales:
LiberArte: ¿ Cuál es el punto de partida de un proceso educativo como el que Uds.
Lideran ?
INEPE : Hemos optado por otra propuesta que es la de la educación popular
La educación como práctica, la educación como participación, dialogo de saberes. En un país tan diverso como el nuestro eso es indispensable, se parte de la comunicación y la solidaridad. Entonces se intenta integrar las distintas áreas, el lenguaje, las matemáticas, las capacidades creadoras infantiles, con el desarrollo de nuestra cultura, de las distintas cosmovisiones a nuestro alcance y se busca construir una educación de calidad. Entonces cuando tú estás en el aula y miras que estos son nuestros niños y jóvenes concretos y que hay que educar y ayudar, es otra cosa no ? Buscamos entonces una educación a nuestro alcance, pero de calidad, para los 40 ó 50 niños y niñas, entonces, la realidad va por eso, entonces si tomamos esa experiencia que les decía, desde la academia, la vivencia, la educación integral, estamos a cargo un grupo de educadores populares y otros profesores de todo lado que se buscan vincular un currículo a partir de nosotros y acorde a lo que somos no ? Al desarrollo infantil y de los jóvenes, nos ha permitido crecer realmente. Hay que buscar calidad educativa en el país, que cuesta, nos ha costado esfuerzo, sacrificio e intención de vida no ?
LiberArte:
Yo estoy muy impresionado por tu selección de términos: Calidad. Porque si seguimos a Bill Readings por ejemplo, un autor canadiense, autor de La Universidad en Ruinas que rastrea los cambios en el aparato institucional de educación superior a partir de los movimientos sísmicos de la globalización. Bien, Readings sostiene que hay una manera de reemplazar el discurso antiguo de la universidades en Occidente, junto a su discurso de las Artes Liberales y la instrucción de los individuos para mejor servir al Estado, por otro discurso, el de la excelencia. Dice que la excelencia no sirve como contenido, que es una forma vacua, aceptada por el discurso vigente pero absolutamente maleable a cualquier tipo de criterio o propuesta; en otras palabras, que la excelencia no significa nada, o a la inversa, que puede significar cualquier cosa . Por eso me impresiona tu recurso a la calidad, que apunta a una categoría clara de rendición de cuentas educativas, a diferencia del discurso falso de la excelencia. ¿Qué tienes en mente al hablar de calidad, cómo se mide, qué es la calidad?
INEPE:
Tú sabes que en la educación popular hay una ruptura epistemológica entre la labor educativa e investigar en el quehacer humano, no tirando hacia el modelo paternalista de las estadísticas que no mide lo que queremos medir. ¿Cómo mides la labor del educador en el aula? ¿Cómo mides la calidad de la relación que tienes con tus alumnos si no incorporas el sentimiento al proceso estadístico? Se trata entonces de un proceso de integración de saberes y de tolerancia en donde se busca el conocimiento otro, el conocimiento del Otro. Y todo aquello a partir de un aprendizaje compartido. Eso es bien difícil en un sistema como el nuestro en donde la educación y la salud son terriblemente autoritarios . Entonces queremos buscar una síntesis, ni una búsqueda absoluta de lo cuantitativo en detrimento de lo cualitativo ni lo contrario. Se trata de buscar una educación compartida, evitando la sanción arbitraria y en búsqueda de valores concretos como la solidaridad. La cosmovisión andina, la del mundo negro y del mundo de las comunidades amazónicas es una visión de solidaridad, de valores y de renovación profunda, ese es un punto de partida para una revisión de lo educativo en el país, porque eso está ahí.
LiberArte:
Lo que creo que entiendo entonces parte de una diferencia radical de la práctica educativa basada en el modelo liberal, porque desde ahí se concibe al individuo como un recipiente vacío dispuesto a llenarse con conocimiento para proceder a ser libre, como individuo y lo que señalas más bien implica un procedimiento participativo en donde el proceso es colectivo y pasa por una solución común. Otra manera de decirlo es que el INEPE como proyecto puede leerse o como un ejercicio dependiente (de la participación de la comunidad, de financiamiento externo) y precario o como un proceso de solidaridad interno y externo a la vez. La diferencia radica nuevamente en una precisión terminológica que denota un enfoque diferente: una decisión entre dependencia y solidaridad en donde el primer término se vería como algo inconcluso y deficiente y el segundo como algo necesario e imprescindible.
INEPE
¿Nos estás tomando la lección no?
LiberArte:
Ahora, ¿cómo dotar de contenidos a frases trilladas del proceso educativo ecuatoriano, como por ejemplo, “a menos educción más corrupción” que es una verdad más grande que una catedral pero que no nos da pistas sobre cómo proceder?
INEPE
Eso tiene que ver con el cómo educar en democracia. Y la respuesta pasa también por la frase repetida mil veces en el pasado: con el ejemplo. Para que la escuela no se detenga en sus propias puertas debemos participar continuamente en una conversación extendida con la comunidad porque existe un doble discurso que los estudiantes están perfectamente en condiciones de percibir y cuando observan que las cosas no son iguales al interior y afuera del proyecto y que sí existe un compromiso de hacer las cosas de manera distinta, entonces podemos pensar, soñar en una diferencia consustancial. En parte para lograr aquello debemos contribuir a la construcción de una autoestima de todos nosotros, para demostrar que es posible abandonar la desesperanza, para construir de forma rigurosa, con apego a lo que somos, un Ecuador fraterno, honesto y solidario.
LiberArte:
¿Y eso se puede?
INEPE:
Sí, pero requiere de una relación de iguales, que es un asunto muy complejo de
Lograr en un tipo de sociedad como la que nos rodea, excluyente, opresiva, en
Donde prima la competencia desleal, el individualismo rampante. Se debe partir
De un diagnóstico de quiénes somos no ? Y eso incluye el propio autoconocimiento de los educadores, que debemos conocer nuestras propias locuras, antes de impartir nuevas locuras a los estudiantes; se trata de un proceso que no termina, que implica reunir todas las partes dispersas de un proyecto educativo; esto es, saberes cotidianos, aportes científicos y técnicos, conocimiento corporal, artístico, espacial, trabajo intelectual y también afectivo, autoestima, construcción de grupos, aportes en salud, investigación, capacitación continua y eficiente, etc. Porque hacer educación en definitiva es hacer una vida entera y no solamente una actividad. Pretendemos formar agentes de cambio, miembros activos y líderes comunitarios dispuestos a participar en la tarea de lograr un cambio a través del compromiso. . .
LiberArte: ¿Así de fácil?
INEPE : Así de difícil