
Credito: Cortesía de Departamento de Arte Crónicas
Vol 1, No. 2. (Sept/Dic
2005)
CRONICAS: una mirada psicoanalítica.
Álvaro Carrión
Los productos cinematográficos, sean cuales sean sus condiciones, sus bondades y sus defectos, exigen la presencia de un espectador que codifique, decodifique, participe, se involucre, etc. Los destinatarios de los filmes quedan en suspenso como sujetos frente a la vorágine de imágenes que les remiten, en un doble movimiento, al hecho de la presencia de una particular película y al teatro interno de su vertiente subjetiva. El segundo aspecto, en conjunción con el primero, permite la construcción de un espacio en el que las imágenes cobran un sentido determinado, que no se limita a lo que se busca representar en la pantalla de proyección, con exclusividad. La mirada queda capturada por el juego escénico que contempla imágenes, sonidos, palabras, que conforman un todo que adquiere sentido en el espectador.
Este artículo tiene por objeto la mirada, la que incluye una posición sui-generis del espectador, en la medida que este vive en un determinado contexto historico-cultural y es sujeto de su historia psico-individual.
Crónicas habla de la llegada de un grupo de periodistas extranjeros, a la ciudad de Babahoyo, con el objeto de indagar sobre los crímenes de un numero enorme de niños y niñas (mas de 150), de un violador y asesino al que los periódicos de la zona llaman “monstruo”. Los periodistas en mención trabajan para un programa de televisión internacional, “ La Hora de la Verdad ”, cuyo objetivo es el de mostrar hechos del “mundo en su estado actual”, que adquieren alcance noticioso, en funcion de su dimensión, del impacto que puede causar en los tele-observadores y de su actualidad. A esto hay que añadir que en la caracterización del tinte que da a las noticias el programa en mención, se halla la presencia del hecho noticioso que revela la inmediatez y crudeza de los acontecimientos, a los que alude un relator que habla con un acento norteamericano desde Miami. A la vez el relator deja la inquietud, en el publico al que dirige su programa, de próximas noticias de impacto que aparecerán en el subsiguiente capitulo.
La historia se complica cuando el personaje del periodista encargado de las entrevistas, Manolo Bonilla, se involucra en una búsqueda que le liga a otro personaje, Vinicio Cepeda, que le ofrece datos con respecto al “monstruo”, con la condición de que Bonilla le ayude a salir de la cárcel, en la que se halla confinado por haber atropellado a un niño, hermano de una de las víctimas del violador. En ese episodio Cepeda es prácticamente linchado por algunos pobladores de Babahoyo y por el padre del niño atropellado. El hecho fortuito del atropellamiento y los acontecimientos que se precipitan, muestra al espectador el clima de tensión y de dramatismo que vive la ciudad, en la que suceden los acontecimientos, a la vez que genera sentimientos encontrados en aquel que mira el film, en la medida que el espectador tiene frente a sus ojos la certeza del papel que juega Vinicio Cepeda, a la vez que la equivocidad que le lleva a ser víctima de un linchamiento y responsable de las muertes monstruosas de los niños de Babahoyo. Dato este ultimo que queda presente en la mirada del observador de la película y que se sostiene a lo largo de la misma, hasta el develamiento de la posible autoria de los crímenes en el relato del film.
Vinicio Cepeda aparece, en una primera escena, tomando un baño en una pequeña laguna o en el vado de un río. En esa escena aparece su mirada escrutadora en busca de un curioso desprevenido, o de un posible testigo del acto, parece, perpetrado con anterioridad a esta escena y sugerido en la misma. La mirada de Vinicio, al no encontrar lo que teme, muestra que su acción ha pasado desapercibida y su presencia inadvertida. El juego de presencia-ausencia se mantendrá en el film a la vez que cierta ambigüedad invade todas las escenas.
Con posterioridad a la escena del cuasi linchamiento, el ámbito de acción se centra casi con exclusividad en la cárcel, en donde se producen situaciones de violencia en contra de Vinicio, por lo que este busca salvarse mediante el concurso de Manuel. La revelación de algo que es precioso dato para el periodista, permite la captura de su atención, cosa que Vinicio aprovecha en funcion de su habilidad “para saber lo que quiere cada persona”. Desde ese momento Vinicio, como lo refiere Ivan, haciendo una parodia de la forma en la que el preso habla, “le tiene agarrado por los huevos” a don Manolo.
Si tomamos de nuevo algunos elementos de la película, en especial la imagen con la que se inicia el noticiero: un ojo que no parpadea, la mirada de una cámara que capta imágenes, prescindiendo de la selección y edición de las mismas, el giro de los acontecimientos, en la medida que estos solo adquieren sentido en funcion de su presentación o no presentación, vemos la importancia que ocupa el exponer, el mostrar en la trama del film. A la vez, y como su contrario, aparece el ocultamiento. Develamiento y ocultamiento juegan para atrapar a Manolo, en su papel de reportero estrella e investigador astuto. Tanta perspicacia, claro esta, termina enredándole de tal forma que no encuentra las pistas que Vinicio le proporciona y seducido por un señuelo que le deja apresado y paralizado, no puede mesurar lo que tiene.
Manolo hace lo que Vinicio le pide y a cambio este le revela “su secreto”. Hace con él lo que hace con sus víctimas: “busca modos de ganarse su confianza”, “disfruta de tener el control de las cosas”, “muchas veces pretende necesitar ayuda”, “es hábil para saber lo que quiere cada persona”. Manolo y su equipo terminan siendo víctimas de Vinicio, y al mismo tiempo son cómplices de un crimen, ya que el secreto que poseen es tan oneroso que los involucra y arrastra.
En dos ocasiones, por lo menos, tiene en sus manos Manolo a Vinicio: la una cuando Vinicio, que hace referencia al relato del “monstruo”, asume como suyas las palabras del violador al decir que aquel es un hombre solo, a lo que anade: “un hombre solo explora lugares que otro no explora”, y, en segundo lugar, cuando en el dialogo referido a la culpa dice Vinicio: ”La culpa es un sentimiento muy dañino, no es nada saludable”; al preguntarle a Manolo si él siente culpa, luego de manifestar lo que hace con sus víctimas el “monstruo”. Manolo esta mas involucrado de lo que se imagina, ya que la constatación de la presencia en una fosa de un cadáver, cuestión que le fue mencionada por Vinicio, para proveerle de un dato que diera valor a su afirmación de poseer conocimientos sobre el “monstruo”, se ha convertido en un dato que si bien le confirma y certifica que Vinicio sabe algo, no le resulta fácil referir esa información fundamental, ya que su propia indagación se vería comprometida frente al efecto que produciría el testimonio y su veracidad en la policía. Manolo no solo se halla capturado por Vinicio por aquello que “no puede revelar”, sino en su ser mas intimo, en la medida que da paso a su sexualidad en el momento en el que más perturbado esta por la visión del cadáver en la fosa, extraño momento para hacer evidentes sus deseos por su compañera de trabajo y productora del programa noticioso. El y ella participan, desde su más entrañable mismidad, del juego sexualidad-muerte. En momentos como esos podemos ver que los personajes de Manolo y su equipo se hallan de tal manera atrapados, que su juego de investigadores obtura cualquier salida y los encierra en una vorágine de sucesos trágicos, donde ellos, por lo menos conservan la vida y libertad, a costa del sacrificio de “chino”, que termina servido en bandeja al violador. Al salir del embrollo con su huida, Manolo, Ivan y Marisa, sienten los efectos de su propia acción y de la violencia de la manipulación de la que han sido objeto. El destino que les espera es el de la ruptura y el desprecio de ellos contra sí mismos y sus vínculos de trabajo. Frente a las cámaras aparecen, en su monumental estulticia, como los peones torpes de una manipulación que los destruye y atenaza. El suspenso de la trama los mantiene hasta el fin atrapados en el ojo de la tormenta de hechos que se precipitan, sin que ellos puedan hacer nada por torcer un destino que les es adverso.
A la vez que el ojo del espectador se mantiene en suspenso, a la vez que el lente de la cámara se mantiene en On, la trama se sucede y es manejada, en funcion de los señuelos que el “monstruo” administra y maniobra. Todos entran en una trama que los atrapa y, finalmente, el destino trazado se cumple, a la manera de una pesadilla espantosa y cruel.
El tema de la mirada contempla el de la posición de quien se sitúa en una determinada perspectiva y junta el rompecabezas de imágenes y les da sentido. Desde este plano las posibilidades interpretativas aparecen a partir de la óptica que organiza el material contenido en Crónicas. Es a la vez, en el mismo film, donde se puede encontrar, sin que aparezca explícitamente formulado, el problema de la construcción de la realidad. Construcción que, desde las cámaras, aparece como la de una realidad-mundo vertiginosa en sucesos y acontecimientos. Por otra parte, en ese orden se desliza el control, en cuanto las mediaciones entre los hechos que aparecen a través de las cámaras, la intención y la manera en la que se los comunica, queda obturado de la imagen como tal, la misma que aparece como lo más inmediato o lo mas “objetivo”. Tal control hace que el hecho pesquisado mediante la cámara que filma, el instrumento que reproduce, pueda ser utilizado para producir efectos diversos en los espectadores. El poder que captura “la realidad” y la proyecta al espacio televisivo puede constituirse en omnímodo y, metafóricamente, el film parece ubicar tal cuestión. Solo la critica o una mirada que tenga por horizonte un mas allá, puede desacoplar aquello que aparece como lo más rico en determinaciones y es en realidad lo más pobre y vacuo, la imagen por si sola, ya que nos deja encerrados en una sola posibilidad interpretativa.
Decíamos, antes de la discreción que nos ocupo en el párrafo anterior, que en Crónicas el problema del control, del poder y del manejo aparecen. Tal cuestión se manifiesta en cada acto de los personajes que juegan el rol de periodistas. Su mirada escrutadora, sin embargo, no les permite ver mas allá de sus propios esquemas. La formula del programa al que sirven hace que vean los hechos con una determinada óptica, mientras la “realidad” los supera por lo complejo de los sucesos que tienen entre las manos. Por una parte Vinicio Cepeda, que oculta una información que no es cualquier información. El ocultamiento que él realiza es de un cariz siniestro, conlleva, nada menos, que la muerte brutal y abyecta de un numero enorme de niños y niñas. Las posibilidades de pensar tal cosa se topan con el limite de la racionalidad para dar cuenta de hechos como esos. Por otra parte, el mundo de Manolo Bonilla, que es el de la comunicación, el de la eficiencia en el trabajo, al sostener su imagen de sujeto que se halla en el lugar adecuado en el momento preciso. En el film Manolo se llega a posicionar como el héroe que logra revertir la desdicha de un individuo y rehabilitar la noción de justicia salvando a un hombre inocente.
Dos mundos aquellos que se entrelazan de forma ominosa, pero en el que cada uno de los personajes trata de buscar un provecho que le confina en las pautas de su propia búsqueda subjetiva, en donde, con propiedad, las normas que les organizan en un contexto más amplio que su propia subjetividad están escandidas. Vinicio Cepeda, el ¨monstruo¨, busca salir de su confinamiento a toda costa, para continuar con su infame vida de personaje de delirio y desvarío. Compromete a Manolo Bonilla, mas allá de sus propias posibilidades, en su salida y en un juego limite donde las piezas se engarzan con la zozobra de la presión del tiempo que apremia para la presentación del material a Víctor, con el que Marisa y Manolo se hallan en falta. A lo que añadiremos: la presencia del policía, sujeto que no tiene ninguna confianza en Manuel y su equipo, confianza que tampoco quieren transmitirle los periodistas.
Los personajes de Manolo y Vinicio, por la desventura que les une, se encuentran fuera de la ley. Vinicio, en su obscuro papel de perpetrador de crímenes infames. Manolo, en su condición de sujeto pocisionado mas allá de la ley, la misma que no rige su acción. Es esta posición la que le hace afirmar: “Yo puedo sacarle mas información que cualquier policía”, cuando decide insistir en las entrevistas con Vinicio con el fin de buscar la confesión de este y brillar él como estrella. En la medida que las normas que rigen universalmente no se hallan vigentes, los medios de los que se valen ambos personajes no tienen limites. Es allí cuando el drama tiene sustento y permanece anclado. Es allí cuando se precipita la tragedia: cuando el orden subjetivo esta reñido con lo que organiza la sociabilidad y prima sobre ella. Es, también, la captura visual desde el lugar de cada sujeto, la que sostiene la tensión de la trama para el espectador, así como la posición de voyeur de Manolo y el juego de espejos de Vinicio.