
Vol 1, No. 2. (Sept/Dic
2005)
De: Alvaro
Para: Mary Ellen
Querida y recordada Mary Ellen :
Qué grato es encontrarte de nuevo en este lugar abierto, el de las cartas. Hemos dejado de corresponder por ya varios años (salvo el ocasional mensaje largo en el correo electrónico) y confieso que tus apreciaciones sobre el placer epistolar, hechas hace ya tanto tiempo, nunca me han abandonado del todo. Extraño el recibir y abrir cartas y enviarlas, sobretodo extraño el gusto de leer un texto bien escrito dirigido a la particularidad de mi experiencia y la oportunidad de responder con el rigor, la lucidez y el sentido de intimidad necesarios en ese ejercicio. Henos aquí nuevamente pues, gringa, crecidos y distintos y ante una nueva circunstancia (¿ semi pública?) que reclama nuestra atención.
El asunto es entonces la educación, pero no en un sentido convencional, sino como una pregunta abierta. Para ponerlo en el lenguaje que elegí al proponer la sección Radicales Libres de la publicación que, hoy por hoy, nos aloja o presta espacio se trata de pensar en una educación sin garantías . Lo que tengo en mente al escribir aquello tiene mucho que ver con la necesidad de retirar a la educación el cheque en blanco que recibió allá por el S XIX, con la fundación del proyecto liberal. Me refiero al respaldo ideológico de postular el esfuerzo educativo como tarea del Estado y como obligación del individuo. Este “pacto”, que deja sentadas las bases para la institucionalización de la enseñanza y el aprendizaje (su conversión en un formalismo) enmarca todo esfuerzo sucesivo que intente expresar el éxito o el fracaso del proyecto nacional (entre otras cosas) Creo que a estas alturas esa lógica ha dejado de funcionar y que más bien hoy día vemos que la educación no asegura, de por sí, ni el ascenso social ni el mejoramiento de los índices de producción.
Claro que todo esto requiere pensar en qué entendemos por educación y qué función social pensamos atribuirle. A mi entender la educación ( me abstengo de decir la “verdadera” educación por razones que se verán más adelante) no debe consistir ni en la producción de una alfabetización funcional (aprender a leer, escribir y realizar operaciones matemáticas básicas) ni en la reproducción automática y exclusiva de los saberes vigentes (conocimientos técnicos, modelos de procesamiento de la realidad, socialización en las distintas profesiones). El asunto es complejo y lo es más precisamente por el intento de pensar la educación al margen de su marca legitimante ; es decir, sin la garantía automática de que educar = progresar. Stuart Hall, un gran pensador británico, migrante jamaiquino al Reino Unido, intenta hacer algo similar ante el marxismo: pensar ese gran sistema de conocimiento sin el respaldo artificial de la victoria asegurada/augurada por el materialismo dialéctico. ¿Qué sentido tiene hoy, en pleno triunfo global del capitalismo, regresar sobre las categorías marxistas? Sea el que fuere ese sentido, no se puede ya confiar en la victoria inevitable del proletariado (y en su conscientización detenida).
Digamos entonces que lo que te propongo es pensar la educación como una pregunta abierta, inquietante, urgente, misteriosa porque ciertamente creo que lo que nos propone (o lo que yo percibo) es la pregunta sobre el estar juntos o sobre la comunidad. Esta pregunta nos ha estado vedada en los últimos siglos por el Estado nacional que ha propuesto una narrativa de emancipación, una historia de libertad personal manejada por las instituciones educativas prestas a hacernos libres mediante el acceso a la información (junto con una desaparición acelerada de toda esfera pública). Por otro lado encontramos el modelo de un Estado multinacional corporativo interesado en agregar a los individuos como consumidores de “productos educativos”. Entre el Scylla de la libertad individual ( ¿una nueva forma de erudición?) y el Caribdis de la comercialización educativa, ¿qué dirección tomar ?.
En todo esto juega un gran papel mi propia experiencia educativa y mi propia labor como educador en una institución universitaria, te confieso que mi visión al respecto, extraída de muchas lecturas y lamentablemente pocas conversaciones apunta a la necesidad de un ejercicio pedagógico (y aquí ya descendemos al nivel de la práctica educativa) que intente cuestionar la llamada de sirena (para continuar con mis alusiones a la Odisea, creo, apropiadamente) de la autonomía y la autoridad en mis estudiantes (y en mí mismo) y que apunte hacia la instrucción como un sistema de obligaciones mutuas. En palabras de Bill Readings , uno de mis guías en esto (en su estupendo The University in Ruins ) se trata de pensar la enseñanza no como una búsqueda de la verdad sino como una búsqueda de justicia. En mis mejores momentos en la sala de clases percibo que la fuerza trasgresora de la enseñanza no descansa tanto en los contenidos impartidos (que por momentos me parecen intercambiables) sino en la forma en la que la pedagogía mantiene abierta la temporalidad de la pregunta (piensa en las preguntas retóricas cuando funcionan en una sala de clases) de manera que ésta resista la clausura, ya sea en la forma de la entrega de calificaciones o de títulos de grado.
Por esto es que tengo tanta curiosidad por tu trabajo, por saber la manera en que encaras la situación (¿educativa?) de manejar el periódico de INTAG, la preparación de “escritores/as”, la estructura organizativa del proyecto, los enlaces con la instrucción formal, el verdadero encuentro con una alfabetización desatada de lo exclusivamente útil. Me interesa conocer tus opiniones sobre esta posibilidad de “producir comunidad” por medio de la educación y de hacerlo al margen del sistema formal de instrucción. Si bien para alguien como yo, inserto en el seno de la universidad privada el “abandono” del Estado es un asunto, como dirían tus compatriotas, “académico”, para ti y para tu comunidad esto se debe sentir de una manera completamente distinta.
Pues me detengo aquí querida ME, curioso por conocer tus opiniones e interesado por extender el alcance de este Inicio, tu amigo de siempre,
Alvaro
De: Mary Ellen
Para: Alvaro
Querido Alvaro,
Chuta, Álvaro, ¿por dónde comenzar? Con el tema más sencillo de los múltiples y muy complicados que has tocado (con tu elocuencia de siempre, por cierto): el correo. Me refiero al terrestre y no al electrónico que ha empujado a su antecesor al filo de la extinción. Al presentarse algo nuevo en el hábitat de cualquier otro animal (y somos animales, por más que a muchas personas les duela este hecho innegable), dicho ser se acerca con mucho cuidado, observándolo, estudiándolo, husmeándolo y dándole empujecitos con el hocico o el pico o la pata, para ver cómo reacciona, y se hace un sin fin de preguntas (los seres no humanos también tienen sus lenguajes), hasta tomar una decisión sobre cómo proceder. Nosotros, en cambio, siendo bastante brutos (y brutas también, pero en vista de la distribución de poder a lo largo de la historia humana, casi todas las decisiones que nos han llevado a la situación crítica en la que estamos han sido tomadas por el macho de la especie, otro hecho innegable), aplaudimos cada uno de los inventos que La Ciencia nos presenta, sin pensarlo ni una y mucho menos dos veces, porque lo nuevo significa para nosotros El Progreso con mayúscula, y nos hemos dejado convencer de que El Progreso es siempre y en todas partes bueno, buenazo.
Pero volvamos al tema inicial: el correo terrestre. O la carta y qué es lo que estamos perdiendo con su desaparición. Una carta se hace con cuidado y también, en la mayoría de los casos, con cariño (al no tratarse de una carta escrita para mandarle a su destinatario a la mierda, pero hasta en esta circunstancia el cuidado es un requisito). Ahora, c uidado en inglés es care , y el Diccionario Internacional Simon y Schuster Inglés-Español indica que para care/cuidado existen varios equivalentes: solicitud, atención, cautela, detenimiento, preocupación, ansiedad, inquietud. Diría yo que una carta dirigida a un amigo/a, hija/o, amante, compañero/a apreciado/a, en fin, a una persona querida, conlleva todas estas características. O sea, para que escriba una carta a tal o cual persona, me tiene que importar suficientemente para que me ponga a expresarme con atención y cautela y detenimiento porque, en primer lugar, estas palabras están allí, en un papel que va a durar, un papel que yo he tocado, que la persona que lo recibe va a tocar, que será tocado por varios desconocidos en su viaje, porque viaja, pero de veras. En fin, una carta es algo palpable que ocupa espacio y tiempo.
Y, ¿el correo electrónico? No mandamos cartas sino mensajes, la mayoría obligatoriamente mal escrita porque algún duende en el ciberespacio hace una sopa indescifrable de las enyes y tildes, así que para ser entendidos convertimos los años en culos pero a nadie le importa porque lo que cuenta no es la calidad sino la cantidad. Y para colmo, nos encanta este invento y aplaudimos cada descubrimiento que nos hace posible recibir en menos tiempo más y más y más y medimos nuestro valor vís-a-vís nuestros colegas/compañeras/ñaños/conocidas según el número de correos recibidos. Un día en un futuro no muy lejano nadie comprenderá, sin múltiples anotaciones, lo tierno, lo atento, lo cuidadoso de escritos como éste: “Cuando don Simón se marcha, Manuela pide que le alcancen el cofre de plata. Lo abre con la llave escondida en el pecho y acaricia las muchas cartas que Bolívar había escrito a la única mujer , gastados papeles que todavía dicen: Quiero verte y reverte y tocarte y sentirte y saborearte ...”.*
De hecho nos hace falta un don Simón. Sus ideas, al ser aplicadas en las escuelas y colegios, harían un mundo de bien aquí o en cualquier parte. Escribió, por ejemplo, estas palabras: “La sabiduría de la Europa y la prosperidad de los Estados Unidos son, en América, dos enemigos de la libertad... Los estadistas de esas naciones no consultaron para sus instituciones sino la razón; y ésta la hallaron en su suelo ... ¿Dónde iremos a buscar modelos?... Abramos la historia: y por lo que aún no está escrito, lea cada uno en su memoria ”.*
Creo que esta cita nos lleva —por fin— al meollo del asunto: ¿Qué es lo que pretendemos con el periódico INTAG ? Como bien lo expresas, la visión que tenemos de nuestro medio comunitario es netamente educativa. Pero entendemos la educación de nuestra manera. No tiene nada que ver con lo que pasa en las aulas (mejor dicho, lo que no pasa, y que no puede pasar, debido al ausentismo crónico de las maestras —y la mayoría son mujeres, por obvias razones— en las escuelas rurales, ausentismo que llega a índices que serían escandalosos si se tratara del cuerpo docente de los hijos e hijas de la gente de peso de este país y no de las hijas e hijos de campesinos no más) de Intag y de otros sitios similares. Una buena parte de nuestra visión tiene que ver, como tú lo mencionas, con “producir comunidad”.
Quieres saber cómo lo hacemos, pero ya te he hablado largo y me imagino que se está acabando el espacio, así que guardo los pormenores para una próxima carta, dejándote con esta pista. Ponemos mucha énfasis en el suelo y la memoria, dos elementos mencionados por Simón Rodríguez. Y todo lo que hacemos, intentamos hacer con muchísimo cuidado, palabra íntimamente relacionada con la palabra cura , un vocablo latín que es el nombre de una deidad romana que, según se dice, hizo lo siguiente:
Un día la diosa Cura estaba cruzando un río cuando le llamó la atención un montículo de arcilla y comenzó a moldearla. Y en eso llegó Júpiter y Cura le pidió que animara a la nueva criatura que había creado y el dios accedió a la solicitud de su colega. Luego tanto Júpiter como Cura quería ponerle su nombre. Tierra intervino también, insistiendo que le pusiera el suyo. Finalmente, para resolver la disputa las tres deidades consultaron a Saturno, dios del tiempo y, por ende, el más sabio de todos y el árbitro final del destino de todas las cosas. Y Saturno decretó que puesto que Júpiter le había dado a la criatura su espíritu, lo recibiría cuando muriera, y en vista de que de Tierra era el cuerpo, el cuerpo volvería a Tierra y la criatura se llamaría homo , un vocablo parecido a humus , que quiere decir tierra . Finalmente, Saturno proclamó que a Cura, quien dio forma al nuevo ser, le pertenecería a ella mientras viviera.**
Abrazos,
Mary Ellen
*Eduardo Galeano, Las caras y las máscaras , tomo II de Memoria del fuego , México:
Siglo XXI, 1984, págs. 211 y 216.
**Adaptado y traducido por la autora de: Bruce Rich, Mortgaging the Earth. The World Bank, Environmental Impoverishment, and the Crisis of Development , Boston : Beacon Press, 1994, pág. 318.
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