Vol 1, No. 2. (Sept/Dic
2005)
Leyendo la globalización desde la mitad del mundo: identidad y resistencias en el Ecuador . Michael Handelsman . Quito: El Conejo, 2005.
Handelsman aparece en el escenario editorial ecuatoriano con una nueva obra, fruto de sus esfuerzos en los últimos años por registrar e interpretar el movimiento global y del capitalismo a medida que este deja huellas sobre la producción cultural del Ecuador. El libro, una colección de ensayos de distinta índole, agrupados en torno a ideas de identidad y resistencia cultural, se divide en 9 capítulos que tratan de manera sucesiva: la noción de lo plurinacional, de lo intercultural, el afrocentrismo , la identidad cultural libresca, imágenes y representaciones mediáticas en la narrativa, el teatro contemporáneo del Ecuador, las migraciones y la “teoría” ecuatoriana de la globalización. El libro es desigual en el sentido de que se debate de manera visible entre los imperativos transdisciplinarios y teóricos de los Estudios Culturales y una visión convencional del arte literario que puja por la valoración estética y la promoción de “poéticas personales”. La tensión se siente a lo largo del libro, en la medida en que Handelsman , un académico estadounidense con fuertes vínculos intelectuales en el Ecuador, pugna por abrir un espacio expresivo que produzca la habitual enmarcación institucional que requiere su trabajo a la vez que insiste en acercar esos contenidos a un público (y un círculo) de ecuatorianos que evidencian una distancia tal vez insalvable ante ese discurso: “Lo que presento a continuación es mi intento de dialogar a través de mis lecturas con múltiples lectores dentro y fuera del Ecuador y, también dentro y fuera de diversos espacios académicos.” (Introducción, p 22) Es decir, Handelsman aspira a congregar, en torno de sus propuestas de lectura, a una masa crítica a la vez intra y transnacional e intra y trans disciplinaria. No sé hasta qué punto este admirable espíritu conciliador tenga éxito, fundamentalmente porque, por un lado, la comunidad interpretativa a la que alude Handelsman (dirigida a obras, textos y materiales a veces efímeros y decididamente inaccesibles desde fuera de Quito) sencillamente no existe en cantidades apreciables y por otro, su intento de alinear la producción cultural “alta” con las manifestaciones “industriales” o “masivas” de la cultura no encuentra eco en un país en donde, para sus dirigentes artísticos al menos, la cultura continua debatiéndose en torno de ideas como la “autenticidad” y “esencia”. El mismo libro de Handelsman extiende esta tendencia de pensar la producción cultural casi exclusivamente en términos de identidad y resistencia; es decir, en la afirmación de una identidad “real” y en la identificación y consolidación de nuevas formas de “resistencia”. El terreno donde esto se produce, para Handelsman es doble y promisorio; o en el laboratorio académico de la Universidad Andina Simón Bolívar donde se cocina una receta posoccidental de lectura emancipadora del presente y de la marginalidad que arroja un saldo académico importante o en los textos más o menos convencionales de los escritores ecuatorianos de las épocas recientes. En otras palabras Handelsman ubica la identidad y la resistencia a nivel teórico y a nivel literario, lamentablemente para su proyecto, estos dos territorios salvo en contados y reducidos casos (el de Juan Montaño es un ejemplo) no resultan compatibles ni complementarios. Como ejemplos de glocalización literaria no encontramos instancias de transculturación o plurinacionalismo , sino apenas alguna mención episódica, que Handelsman se ocupa de cuidar con esmero, de algún medio masivo de comunicación o alguna manifestación de tecnología. El mundo de la literatura ecuatoriana sigue siendo, en gran medida, incompatible con un intento de pensar el imposible espacio global del capitalismo contemporáneo, en buena parte porque sencillamente no le interesa y en otra porque su arsenal expresivo y formal persiste en buscar en la poética personal y en la estética las pistas indispensables para su propia realización. Para constatar aquello basta leer la sobreabundancia de tesis dedicadas exclusivamente, con estricta prohibición institucional de hacer lo contrario, a la explicación de los méritos artísticos y las destrezas narrativas de literatos ecuatorianos (casi siempre varones) o asistir a los congresos literarios criollos que consagran una visión romántica del autor y una práctica clientelar de los circuitos textuales educativos. Lejos está, de este contexto, un esfuerzo como el de Handelsman , que busca, a veces forzando las cosas, rescatar del marasmo ritual de formalismo la virtud redentora (y académicamente rentable) de lo nuevo . De alguna manera la presencia elusiva de la novedad narrativa responde a la ausencia casi absoluta de una crítica con otras prioridades; sorprende por lo tanto que Handelsman , un crítico agudo y bien informado dedique sus esfuerzos casi siempre a celebrar los textos que pondera sin el menor asomo de una visión inconforme con la oficialidad literaria que acapara su trabajo. Es una actitud peligrosamente cercana a un paternalismo académico que busca “rescatar” malgré lui a los escritores que se ponen a su alcance.
Por otro lado, la ausencia de un análisis de los medios masivos de comunicación (televisión, radio, internet , video, clips musicales, rock, etc.) en el Ecuador y sus productos específicos, a partir de su radical transformación en los últimos años, no forma parte en absoluto de la visión de Handelsman . Seguramente su condición de visitante esporádico dificulta este trabajo, pero esto no debería ser una excusa para alguien que se propone estudiar la globalización –un fenómeno impensable sin la comunicación de masas—“en la mitad del mundo”.
En conjunto el texto es de interés general para quienes nos interesamos por la cultura ecuatoriana, tanto por el espacio que le dedica a temas que no han formado parte de la agenda cultural (la migración, lo afronacional ) reciente como por las pistas que el libro ofrece para entender el tortuoso estado de los estudios literarios tanto dentro como fuera del Ecuador. La edición, sin embargo, deja mucho que desear, si bien el texto ha sido editado con esmero, el montaje del mismo, a cargo de El Conejo, nos entrega una paginación deficiente y mal ensamblada. La paginación colapsa a la altura de la página 120 de nuestra edición, cuando la página 128 inicia un conteo regresivo hacia la 121 para seguir de inmediato con el número 129; el resultado es caótico y preocupante a la vez que un indicio de lo que puede ocurrir cuando, en el intento de leer “ la globalización desde la mitad del mundo”, nos encontramos con este tipo de resistencias locales.