Vol 1, No. 2. (Sept/Dic
2005)
América Latina y el positivismo.
Comentario crítico al libro de Martín Hopenhayn “América Latina desigual y descentrada ”( Norma 2005)
Por Jorge Luis Gómez Rodríguez
Coordinador de Filosofía de la Universidad San Francisco de Quito. Ecuador .
(jorgeg@usfq.edu.ec )
Al parecer la vieja “dicotomía conflictiva” entre barbarie-civilización, entre retroceso-progreso, entre Ariel-Calibán, vuelve a manifestarse en el análisis sobre América Latina. Desde el Facundo ( 1845 ) de Sarmiento, las reflexiones de Rodó e Ingenieros, tanto como la reflexión del positivismo chileno con Lastarria, Bilbao y Lagarrigue, parecen asentarse en eso que Sarmiento llamó
la “dicotomía conflictiva” y que hace las veces de canon reflexivo del
positivismo a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Hoy al volver a observar este canon reflexivo en la obra que vamos a comentar, debemos afirmar, sin lugar a dudas, que la ineficacia e inutilidad del positivismo depende fundamentalmente de aquello que Kant llamó las “Antinomias de la razón”, ya que la tensión entre dos opuestos no le permite a la razón “abandonarse a un escepticismo desesperado o adoptar un dogmatismo obstinado”
(I.Kant.”Crítica de la Razón pura” Ediciones Orbis.Tomo II.pag
314).Precisamente este estado de irresolución en el que cae la razón es el resultado, como dice Habermas, de “una paradójica asociación de actitud positivista y pretensión crítica ”( J.Habermas.”El discurso filosófico de la modernidad”Ed Taurus ,pag 324).
Pero no pretendemos aquí, descalificar en este sentido el libro de Martín Hopenhayn “América Latina desigual y descentrada”.No quisieramos adoptar aquí la divisa kantiana contra las antinomias de la razón como “eutanasia de la razón” ( Kant . Ibid pag.314).
Por el contrario, nuestra intensión es mostrar el vínculo que tiene el texto de Hopenhayn con el positivismo latinoamericano, de cómo el positivismo de nuestro autor hace manifiesto un tipo de investigación en donde América Latina es más un porcentaje y una estadística, un proceso tensional entre cantidades, que una auténtica formulación del descentramiento y la desigualdad en la que vivimos.
Y es precisamente el horizonte tensional que compone la totalidad del libro,
lo que nos hizo sospechar del pecado de positivismo en el que incurre.Las tensiones antinómicas se suceden una tras otra, desde la introducción del libro, donde se repara en la antinomia entre intelectual-mediocre , intelectual-ideal, hasta la confesión del mismo autor de moverse en el ambiente personal entre “dos pies”, nada menos que como “dos ejes tensionantes” en los que se desenvuelve la realidad (!!).
Pero la práctica indiscriminada de la tensión antinómica ( tensión
insular-global, apocalíptico-integrado, mediocre-ideal ,singular -plural. etc ) describe sin disimulo alguno una aparente solvencia del instrumento de análisis, una “sincronía de contrastes” en las que todo se vuelve excesivamente convincente. El poder retórico de tensionar el texto, la excesiva enumeración de polaridades, vuelve al texto rico en “antilogías” instrumentales ( como los discursos del sofista Protágoras ), aunque frío e irresoluto por su neutralidad.
Pero el libro de Hopenhayn no solo está sembrado de contrastes antinómicos, sino también, de dos tipos de investigación y exposición.Uno el investigar estadístico. Otro el análisis crítico. Uno el desenvolvimiento institucional. Otro el análisis personal. Uno el investigador del mundo de Internet, computadoras y cybercafés. Otro, el crítico que observa la presencia aun incipiente de la red en nuestro continente. Entre ilusión-desilución, anverso-reverso, insular-global, entre los dos ojos tensionantes , no hay una mediación victoriosa, ni dogma, ni escepticismo, ni apocalípticos, ni integrados. Más bien, Hopenhayn postula un juego tensional
como dinámica de un proceso ciego e irresoluto, pues más le interesa captar el motor tensional del proceso histórico, que el verdadero rol de los sujetos tensionantes.
Hasta la página 125 del texto, todo es internet y medios.Entre Castells y Canclini, entre Brunner y García Barbero, del mismo modo como el discurso positivista del siglo anterior, Hopenhayn da prioridad a los medios tecnológicos como factor e índice del progreso . El hecho tangible de los televisores ,radios , periódicos y computadoras nos enseña que el positivismo contemporáneo se nutre de la reflexión sobre los medios de comunicación, para
sobredimensionar el valor positivo del medio tecnológico ( como el tren para los positivistas decimonónicos y las máquinas de vapor en general ) por sobre la sociedad.Con este fin, articula antinomias como barbarie-progreso, homo sapiens-homo videns, mestizaje-hibridación etc., solo para considerar sus aspectos positivos como epifenómenos instrumentales, como choque de trenes y
máquinas de vapor, bajo la ideología de la prioridad de lo positivo sobre lo real.
Como imágenes de noticiero, las antinomias se nos vuelven tan reales como el café en la mesa. Sin embargo, la razón instrumental y técnica de las antinomias solo absorve la parte formal del café.No su verdadero sabor.Con la imitación técnica y mecánica de lo concreto, solo consigue despotenciar a lo real de su diversidad y complejidad, hasta volverse un frío y neutral instrumento de
análisis .
La realidad enajenada en el instrumento de análisis, en el porcentaje de la estadística, queda vacía de contenido, enajenada de su verdadera ontología.
Algo parecido le sucedió a Rodó e Ingenieros, en su afán de tensionar las antinomias latinoamericanas. Pero no solo la significación que buscaron en lo positivo de la realidad latinoamericana, lo desarrollaron mediante “ el análisis tensional”, del mismo modo como lo hace Hopenhayn, sino también, vieron en el mundo instrumental y tecnológico, el fuego cruzado del progreso
sobre la barbarie,desarticulación de lo antiguo (estado nación ,cultura y política) e ingreso abrupto en lo nuevo, descentramiento de una modernidad a empujones, que a caballo entre la paradoja y la conjetura, nos intenta advertir un orquestado primer acto de una tragedia por venir.
La pasión por lo moderno a través de la concentración y obsecación en el mundo instrumental, nos advierte que el ideario positivista de la conciliación de los contrarios en el positivismo ( después de conciliar la época teológica con la época metafísica) hoy en día se expresan, como ayer, en la antinomia moderno-pasado mediante la estadística de los medios, en la conexión-desconexión de la red.La divisa positivista de “libertad, orden y progreso” de Augusto Comte, al parecer, subyace en el fondo de todo el optimismo tecnológico en el que se desenvuelve hoy como ayer el positivismo.
Pero lo sorprendente del positivismo de Hopenhayn, no solo lo podemos apreciar en la estructura misma del análisis tensional, sino también en las temáticas que aborda.De un lado, la crítica al intelectual en el mismno horizonte tensional de “El hombre mediocre” ( 1914 ) de José Ingenieros.De otro lado, el
tema de la juventud desde la tensión hombre-adulto-tradicional y hombre joven-progresista, como lo hace Rodó en el “Ariel”( 1900).Pero a pesar de estas semejanzas, el análisis tensional de Hopenhayn, manifiesta una vía
nueva del positivismo investigativo el que, al contrario del positivismo de comienzos del siglo XX, hace suyo un tipo de reflexión instrumental muy preciso.
Con el análisis estadístico o de tendencias porcentuales, el positivismo investigativo contemporáneo, muestra no solo su poder seductor a todas luces, sino su peligroso poder de positivizar la realidad.
Con el análisis de las tendencias, no se hace más que tratar con
potencialidades , pero no con realidades.Como sucede con las encuestas a boca de urna, se intenta forzar al elector a elegir lo que dice el porcentaje, pero no a decidir por sus propias estimaciones .Este es el peligro del positivismo: absorver al sujeto y la sociedad mediante la primacía del instrumento tecnológico.
Sin embargo, el positivismo de ayer y hoy es peligroso en más de un sentido.Por lo pronto, al transformar la tendencia porcentual en realidad, crea un instrumento de análisis que impone sus condiciones a la realidad social. Este instrumento es útil a la hora del análisis de la coyuntura ( es útil en el mercado de las demandas porcentuales), pero es inútil cuando intenta servir a la solución de los problemas reales. Como lenguaje técnico y científico, como mentalidad científica del analista y de sus lectores, como análisis sustentado en “modernas técnicas matemáticas”, fuerza a la realidad mediante un esquema reductor que, fundado en el progreso de la ciencia y la investigación y en el aval institucional del que vive ,llega a suplantar a la realidad.
En el plan argumental y retórico, el interés se enfoca únicamente en sustentar afirmaciones que apoyan la generalidad de los casos ( éste es el lado más “protagórico” del análisis ).Lo que se le escapa son los casos concretos.La concresión mínima, el cálculo infinitesimal, el caso específico son los inefables de los que vive.La cuantitas suplanta a la cualitas.El bosque ilusorio no le permite ver los árboles de la ilusión.
Pero lo verdaderamente peligroso del positivismo de hoy y de ayer es su intento de volverse una teoría de la objetividad en general.Por este motivo, el evangelio positivista siempre fue temido por otros evangelios y evangelistas.Su carácter totalizador y omniabarcante, siempre fue una amenaza
contra la autonomía de la razón y del sujeto.
El joven Hegel en sus escritos sobre el positivismo de la religión cristiana, nos dejó el mejor testimonio del peligro y la amenaza que éste ejerce en la
sociedad : El positivismo es “ la subjetividad absorvida por la sustancia”.
Sin sujetos reales y concretos, absorvida por los medios de comunicación y las estadísticas, por la materialidad instrumental de las nuevas tecnologías, la América Latina de Hopenhayn tensiona la substancia pero no tensiona los sujetos. Al parecer, la tensión antinómica del positivismo suplanta, a la autonomía de la razón y del sujeto.
Quito, 16 de Septiembre del 2005.